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onemos
este capítulo despues de la prehistoria, porque algunos sonsideran
esta piedra oscilante como monumento megalítico, y otros
como objeto del culto naturista de los hombres prehistóricos,
que cultivaron la "litolatría", esto es, el culto
de las piedras.
El sabio arqueólogo
don José Ramón Méliza hizo su visita de investigación,
en el verano del año 1915. El producto de su estudio, que
hemos de citar varias veces, en cuanto a la piedra oscilante, o
"cancho que se menea", lo consignó en la "Revista
de Archivos, Bibliotecas y Museos", titulado "Monumentos
Megalíticos de la provincia de Cáceres". Dice
así:

Foto
de la piedra oscilante, que desapareció, abatida por
unos soldados , el 19 de junio de 1937. |
"Esta
clase de megalitos, raros en nuestra península y en
muchos casos considerados como accidentes o fenómenos
naturales, no productos del ingenio y de la mano del hombre
que suelen ir unidos a supersticiones que en los tiempos primitivos
tuvieron formas de creencias religiosas, no los hemos hallado
en la provincia de Badajoz y en cambio podemos dar noticias
de algunos en la de Cáceres.
En
cuanto a tales megalitos, estuvieran directamente relaccionados
con las creencias religiosas de los hombres prehistóricos,
menester es recordar que la "litolatría"
es una de las formas más antiguas del culto naturista
y que en general, se considera que estas piedras debieron
estar consagradas a la adivinación y destinadas, por
tanto, a ser utilizadas como oráculos según
el número de oscilaciones u otra circunstancia de ellas
cuando se pusieran a prueba.
Estas
piedras bamboleantes, aunque en la mayoría de los casos
se crea natural el equilibrio de tales piedras, no deja de
cuestionarse que la mano del hombre haya intervenido para
facilitar o regularizar el trabajo caprichoso de la naturaleza
 
La
piedra bamboleante, llamada "el cancho que se menea",
estaba situada en lo alto de un pico (llamado de la Cogolla)
de la cordillera Oretana, cerca del hito que puso en aquella
cúspide la Comisión de la triangulación
geodésica, a 1.000 metros de altura sobre el nivel
del mar, y en punto distante a una legua de Montánchez.
El
monumento se componía esencialmente de tres piedras
de distintos tamaños, labradas, esto es, cortadas aunque
imperfecta y groseramente, y colocadas y dispuestas en el
orden y para el fin apetecido, con excelente resultado. Dichos
tres elementos son: pedestal, plinto y cabeza o piedra bamboleantes
propiamente dicha. El pedestal era cuadrangular, de 86 cm
de altura y estaba un poco inclinado hacia un lado; el plinto
era cuadrado, de 22 cm de altura por donde esta es mayor,
para compensar la inclinación, y la piedra bamboleante
ofrecia un perfil trapecial y medía 2,60 metros de
altura, teniendo el total del monumento 3,68 metros. Las piedras
eran graníticas como las que hay en toda la sierra
y junto al monumento había otras piedras amontonadas
que permitian desde encima de ellas empujar la gran
piedra, oponiendo al principio alguna resistencia, pero luego
que empieza a moverse, opone menos y disminuye la resistencia
a medida que se van produciendo más oscilaciones, aumentándose
la velocidad e inclinación hasta parecer que se va
a caer sobre el que la mueve. Su aspecto y forma
ensanchada por arriba,lo delgado del plinto sobre el pedestal
y éste, daban la impresión de un incorrecto
busto humano, lo que ha sugerido la idea de que pudiera ser
un ídolo que mueve la cabeza sobre sus hombros y domina
aquella grandísima extensión.
 
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En
la provincia de Cáceres, cita don Vicente Paredes otras dos
piedras bamboleantes, una en el sitio llamado el Bodegón,
cerca del camino de Garrovillas a Alcántara, y otra, llamada
la Lancha de Valdejuan, que existía en el término
de casar de Cáceres, la cual fué destruida por los
campesnos porque les estorbaba para trillar en una era.
 
Volviendo
a nuestra "piedra bamboleante", que resisitió los
vendabales y huracanes que con furia azotaron la montaña
por tantos miles de años, tuvo un final nefasto el día
19 de junio de 1937, en el que había desplazadas en la sierra
dos compañías del Regimiento de Las navas. La primera
compañía, comandada por el alférez Félix
Alejandro Bartolomé Ingelmo estaba en el punto cumbre, a
mil metros de altura, donde estaba emplazada la "piedra oscilante";
la hicieron oscilar fácilmente, obedeciendo el cancho a su
requeriemiento, pero los soldados que estaban acostumbrados a la
obediencia ciega de sus jefes y oficiales y para probar, sin duda,
que sabían derrocar piedras milenarias, deliberaron entre
sí, si la piedra podía y debía derrocarse,
con la resolución de la caída de la piedra, el derribo
del coloso, y así probar, sin duda "su valentía".
Sacado
del libro "Historia de Montánchez" por Tirso Lozano
Rubio
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